domingo, 13 de junio de 2010

Un domingo

Identifiqué la etapa de la intrascendencia. Espero que sea una de las últimas. Cruzo los dedos: que sea la última. Después del asombro, de la tristeza inconmensurable, de la bronca y de la vuelta a la tristeza, llega el vacío. Vacío absoluto. No se mueve ni una hoja, la luz se estanca en un punto y no escuchás nada. Silencio, vacío y la puta madre que lo parió. Es cuando sentís (porque es cierto, nunca lo vas a saber) que sólo vos te acordás de las mejores conversaciones que tuviste; de cómo olía el chow fan que cocinaste para él (todavía ausente físicamente pero más presente que nunca); de cómo lo enganchaste justo mirándote a través de un living lleno de amigos, música y alcohol; de cómo un cielo lleno de nubes con formas de plumas significó que el click (mutuo) se había dado; de las confesiones que te susurró al oído tal como el siglo XXI lo demanda: por celular; y de tantos otros detalles que trascendieron en vos. ¿Y él? Mejor ni lo preguntes… no sea cosa que tu intrascendencia te lleve de nuevo a la tristeza inconmensurable y tengas que volver a empezar todo otra vez.


2 comentarios:

Agustina Martínez Alcorta dijo...

Desde qué vara estás midiendo la intrascendencia?, mmmm...me parece que estás con la óptica equivocada, pero esto fue un domingo, y los domingos uno le busca el pelo al huevo (que frase horrible elegí), pero como dice mi blonda amiga en su blog: "La vida de alguien no se mide por cuánto lo aman, sino por cuánto es capaz de amar". Esa sí es una buena frase.
Muackkkk!!

vero mariani dijo...

mmmmm... puede ser agus.... igual me quedo la frase de la blonda ;)
besoooooo!