Volvía de dejar dos encomiendas en Retiro, toda cargada, cansada y acalorada. De repente, de la nada, un chico me grita en la cara ¡DORMÍ, DORMÍ!
Parece que Dios no tiene celular.
lunes, 22 de febrero de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario